Otro libro en mi lista de lectura veraniega que hace referencia a Godly Play se titula Where are the children? Evangelism beyond Sunday mornings (¿Dónde están los niños? La evangelización más allá de los domingos por la mañana). Su autor, Margaret Withers, es la consejera del Arzobispo de Canterbury para la evangelización de los niños.

«¿Cómo se manifiesta la espiritualidad infantil?

Los niños menores de aproximadamente siete años de edad tienen un sentido agudo de la presencia maravillosa de Dios. Tienen una imaginación fértil e interpretan las historias de manera literal. Las hadas, las brujas, los amigos invisibles y, de hecho, Dios, son tan reales como la vida misma.

Según se van desarrollando mentalmente, los niños empiezan a hacer preguntas acerca de Dios. Algunas se basan en el supuesto de que Dios es como cualquier otra persona; otras pueden ser preguntas profundamente teológicas, tales como: “¿Qué aspecto tiene Dios?”, “¿Dónde duerme?”, “¿Por qué permitió Dios la muerte del abuelo?”

Alrededor de ocho años de edad, los niños pasan por una fase emocional latente, durante la cual vuelven a ser menos espontáneos y cariñosos. Empiezan a formular sus propias ideas y tomar sus propias decisiones. Ya pueden separar la realidad de la ficción, y así van descartando algunas de sus fantasías anteriores. Todavía interpretan las historias y los símbolos de manera literal, de modo que los educadores deben mostrar atención al enseñar algunos conceptos abstractos (como el cielo y el infierno) e historias alegóricas.

Al acercarse a la adolescencia, los niños suelen poner a prueba su fe con preguntas acerca de la autenticidad de las Escrituras, el poder de la oración, y los problemas del dolor, el hambre y la guerra. Debemos alegrarnos de estas inquietudes, y estar preparados para ofrecerles tiempo para el desarrollo de dichas discusiones.

Aunque Dios no cambia, nuestra experiencia de su presencia, las formas de culto e interpretación de las Escrituras varían según nuestra edad y la cultura en la que vivimos. Nuestros niños tienen sus propias experiencias espirituales, sus propios alegrías y tristezas. Al ir construyendo buenas relaciones con nuestros niños, debemos estar abiertos a las conversaciones. Es preciso dedicar tiempo y mostrar paciencia al esperar sus preguntas, y es mejor responder a las mismas con otra pregunta -por ejemplo, “¿Qué opinas tú al respecto?”- o tener una conversación sobre el tema, en vez de ofrecerles una contestación rápida. El camino de la fe implica un proceso de búsqueda y reflexión que los adultos y los niños realizan juntos, proceso que dura toda la vida.

Godly Play, un método de aprendizaje basado en la pedagogía Montessori, trata de desarrollar los intereses y actividades naturales de los niños, permitiéndoles que investiguen una historia bíblica a su manera y dejándoles tiempo para reflexionar sobre sus propias preguntas y suposiciones en un entorno tranquilo. Las mejores oportunidades para la enseñanza a menudo surgen con el comentario de un niño hecho como de pasada, o cuando los niños esperan a sus padres al final de la sesión, porque eso es precisamente el momento en que preguntan sobre las cosas que realmente los interesan.»

Where are the children. Evangelism beyond Sunday mornings, Withers, M.; Oxford: The Bible Reading Fellowship; pp. 34-35.