El logotipo oficial de Godly Play® se compone de dos frases en inglés prácticamente imposibles de traducir adecuadamente al castellano, por lo menos en el sentido literal: “Godly Play” y “I wonder”. Tanto el término “play” como “wonder” podrían ser sustantivos (obra de teatro, juego, en el primer caso; asombro, maravilla o admiración, en el segundo) o verbos (representar una obra, hacer un papel, jugar, o tocar un instrumento musical; maravillarse, preguntarse, expresar admiración…).

 

La combinación de las frases indica un gran misterio: la maravilla de que el Creador del juego inocente, como parte de su buena creación, ahora nos invita a jugar a su lado. La Sabiduría de Dios «tiene sus delicias con los hijos de los hombres» y juega con nosotros en el sentido más positivo y (re)creativo (Proverbios 8:30-31). Ese misterio debe ser causa de un gran asombro y admiración por nuestra parte. La curiosidad natural que tiene cada niño y niña también forma parte de ese juego divino.

 

Uno de los elementos característicos del método de Godly Play® es el tiempo de reflexión en grupo por medio de una serie de preguntas abiertas (“wondering”), que tiene lugar inmediatamente después de la presentación de los relatos bíblicos (sagrada historia), o de otras presentaciones como las parábolas o las lecciones de “acción litúrgica”. En vez de hacer el papel de profesor, el narrador ahora funciona más bien como un director (o guía) espiritual de los niños.

 

Estas preguntas no tienen el propósito de comprobar la comprensión o no de los alumnos con respecto al significado factual de la historia a nivel cognitivo. (¿Realmente importa, por ejemplo, cuántas piedras lisas recogió David del arroyo antes de matar a Goliat?) Y mucho menos son una especie de test. No hay respuestas únicas, correctas o equivocadas. En realidad, para ser auténtico, el narrador debe manifestar su propia capacidad de reflexionar, preguntándose de verdad si un elemento determinado de la historia podría significar eso o aquello. Su propio sentido de curiosidad y asombro debe ser vivo, intacto y genuino.

 

Para las historias sagradas:
«Me pregunto qué parte de esta historia os gusta más»
«Me pregunto qué parte será la más importante»
«¿Y dónde te encuentras tú en esta historia? ¿O qué parte tal vez está en ti?» (En silencio: «Hmm… solo tú puedes contestar esa pregunta. Me pregunto también qué tiene que ver conmigo.»)
«Me pregunto si podemos quitar algo de esa historia y seguir teniendo todo lo necesario»

 

Para las parábolas:
«¿Tendrán nombres esos pájaros? (¿Esas ovejas? ¿El sembrador?…)»
«Me pregunto qué podría ser en realidad esa perla (¿semilla? ¿levadura?…)»
«Y para vosotros, ¿dónde podría ser realmente todo ese lugar?»

 

Para las lecciones litúrgicas:
«Me pregunto si os habéis visto alguna vez una mesa como esta»
«¿Cuándo habéis tocado (visto, oído, sentido…) esto en la iglesia»

 

Incluso si hemos presenciado las mismas historias en muchas ocasiones, siempre habrá algo nuevo en ellas. Nuestras circunstancias personales habrán cambiado, quizás, de manera que esas preguntas nos impactan de una manera diferente. El guía mostrará una sensibilidad hacia los niños del círculo, respetando profundamente cada aportación que hagan… y también sus silencios.

 

«Hmm… sí, podría ser eso.» «¡Oh, qué interesante! ¡Podría ser eso también!»… Y tu sorpresa es auténtica porque nunca se te ha ocurrido antes enfocarlo de esa manera. Durante el tiempo de reflexión, los niños suelen sorprender a sus mentores con la originalidad de sus respuestas. Y así continúa el proceso de reflexión durante unos minutos más.

 

Quizá la más importante contribución a la filosofía y a la teología del pensador francés del siglo XII, Pedro Aberlardo, sea el método que desarrolló en su Sic et Non (Sí y No). Consistía en pasajes patrísticos ordenados “a favor” y “en contra” de opiniones teológicas, sin ningún intento de decidir si la opción afirmativa o negativa es la correcta u ortodoxa. Son discusiones sobre afirmaciones y negaciones de la misma cosa, un método dialéctico, anticipación a la quaestio escolástica. De esta manera, Abelardo colocaba ante sus estudiantes las razones pro y contra, basándose en el principio de que la verdad se alcanza sólo por una discusión dialéctica de argumentos y autoridades aparentemente contradictorios.
(http://ec.aciprensa.com/wiki/Pedro_Abelardo)

 

El sacerdote franciscano estadounidense, Richard Rohr, ha expresado aquí y aquí las siguiente reflexiones sobre este método dialéctico:

«El preguntarse con un sentido de maravilla (wondering) es una acción con al menos tres connotaciones:

 

• Encontrarse en un estado de incredulidad,

• Encontrarse dentro de la pregunta misma,

• Encontrarse con asombro ante algo.

 

Hay que dejar que las tres “posiciones” permanezcan abiertas dentro de uno mismo. Esta es una muy buena manera de crecer espiritualmente, siempre y cuando la incredulidad se mueva más allá del mero escepticismo o de la negatividad.

 

Lo que el enfoque de Sic et Non te permite hacer, francamente, es ser a la vez no reaccionario y no rebelde. No tienes que probar nada o pretender que tu afirmación sea la última palabra sobre una cuestión determinada, cosa que el ego siempre quiere hacer. Más bien, solo tienes que pedir a otros que consideren tu opinión.

 

Abelardo y Lombardo sentaron las bases de lo que hoy llamamos filosofía escolástica. Cuando este tipo de filosofía estaba en su mejor momento (en los siglos XII y XIII), el desarrollo de una idea procedía de lo que los grandes maestros llamaron la quaestio (en latín, “buscar”). Posiblemente, la palabra inglesa “quest” se derive de ese entendimiento. El planteamiento sistemático de preguntas abrió el camino de la reflexión y fomentó la curiosidad espiritual, extrayendo los pros y los contras de una cuestión. De esa manera, iba refinando las preguntas en lugar de buscar respuestas perfectas.

 

Por desgracia, en los siglos posteriores esta práctica degeneró a la necesidad de encontrar respuestas, y preferentemente las respuestas ciertas. Nos movimos de la acción de reflexionar (wondering) sobre las preguntas en sí a la necesidad imperiosa de responder a ellas, que no nos ha servido bien en absoluto. Esta necesidad de tener razón alcanzó su punto más bajo en lo que hoy llamamos fundamentalismo, el cual es una característica común en casi todas las religiones, así como en la mayor parte del discurso político actual.»

 

En Godly Play, tenemos la oportunidad de luchar contra estas actitudes fundamentalistas de raíz. Planteando preguntas alternativas y mostrando que dentro de la seguridad del círculo podemos discrepar los unos con los otros, y que es incluso sano cuestionar algunas certezas, así podemos guiar a los niños mediante el desarrollo de su curiosidad espiritual con el fin de que crezcan como personas auténticamente reflexivas.