Rilke, en 1913, en la Selva Negra (ABC)

Seguimos con algunos consejos más sobre el arte de dirigir el tiempo de reflexión con el círculo de niños en una sesión de Godly Play.

 

Como mentores espirituales de los pequeños, nunca debemos tratar de acelerar el proceso arreándoles como ovejas hacia metas ya predefinidas y predeterminadas, y menos aún hacia nuestras propias conclusiones preconcebidas.

 

El mentor espiritual debe tener mucha paciencia al plantear las preguntas, y confiar plenamente en el proceso y en la presencia misteriosa de Dios que acompaña continuamente al niño.

En Godly Play procuramos crear un espacio seguro en el cual hay un clima de confianza y libertad. Antes de acostumbrarse bien al método, a veces los niños responden rápidamente a las preguntas y hablan sin pensar. Sus aportaciones entonces son fáciles de prever y suelen reflejar su percepción de lo “correcto” y “aceptable”. En estos casos, podría ser apropiado, por parte del facilitador de este tiempo de reflexión, repetir o parafrasear la pregunta con el propósito de desafiar los estereotipos o las “respuestas fáciles”. A veces es necesario introducir unos segundos de silencio después de replantear una pregunta. Sin embargo, nunca debemos forzar la respuesta del niño, sino permitir que “viva las preguntas”.

 

Así lo expresa Rainer Maria Rilke en el siguiente poema:

 

Sé paciente con todo lo que aún

no está resuelto en tu corazón…

Trata de amar tus propias dudas…

No busques las respuestas

que no se pueden dar,

porque no serías capaz de soportarlas.

Lo importante es

vivirlo todo.

Vive ahora las preguntas.

Tal vez así,

poco a poco,

sin darte cuenta,

puedas algún día

vivir las respuestas.